
Quiero que usted crea en cosas que no se pueden creer
Sin embargo, os prometo que el viaje al que os invitaré en primavera será el más extraño, audaz y arriesgado al que jamás os convidé. También el más personal, como descubriréis.
Todo comenzó una mañana en Camden Town hace ya cinco años, cuando empecé a ordenar en mi cabeza las primeras piezas de una historia que, sin embargo, debía ser mucho más antigua y yo aún no lo sabía. La fascinación por aquella ciudad de casi seis millones de habitantes en la época a la que viajaremos juntos en mi próxima novela comenzó para mí siendo niño. La editorial Bruguera publicó una colección de clásicos adaptados para jóvenes lectores y yo leí apasionadamente a Dickens, a Robert Louis Stevenson, a Conan Doyle y a muchos más. Y a pesar de no saber inglés ni haber viajado aún jamás a Londres, había algo familiar para mí en aquellas callejuelas del East End o en las mansiones al oeste de Charing Cross. El sonido de los cascos de los caballos que tiraban de los carruajes era para mí el eco de una melodía conocida. Y luego estaban aquellos nombres que no debía conocer pero que, no obstante, reconocía: Westminster, Seven Dials,
Paddington, Belgravia…
Aquella mañana de hace cinco años vi en Camden Town por primera vez a Michael Reed –aún no me atreví a llamarle Chael. No tuve esa confianza hasta hace año y medio, cuando comencé a escribir su historia-. Estaba de espaldas, pero adiviné cómo era su rostro. Vestía un largo abrigo negro bajo el cual se adivinaban unos hombros poderosos. Había algo inquietante en él; algo
temible. Lo supe de inmediato. Son ese tipo de impresiones que no te engañan: un sentimiento animal de supervivencia. Aquel hombre me podía matar y, sin embargo, había algo poderosamente seductor en él que me impedía alejarme.
¿Cómo diablos había ido a parar yo al siglo XIX?, pensé durante un segundo. Y era lógico que lo pensara, pues Reed vestía a la moda victoriana y yo estaba tras él, tan cerca que podía tocar su espalda de haberme atrevido. Pero entonces miré alrededor y descubrí con sorpresa que no era yo quien había viajado en el tiempo, sino él, pues a nuestro alrededor bullía el Camden Town
del siglo XXI.
Parpadeé con la esperanza de haberme equivocado, pero el suspiro que duró el parpadeo permitió a Michael Reed desaparecer entre una bruma que no sé aún de dónde surgió.
He necesitado todos estos años para escribir todo cuanto sé de él y de los demás personajes a quienes conocí gracias a su mediación. El resultado se encuentra en la novela en la que la editorial Almuzara ha publicado y que ahora también es tuya.
Descubre esta apasionante historia en mi novela Inmortal
