
EL ALMIRANTE SIN ROSTRO
Tiene, por tanto, su figura un puesto dentro de mis 40 principales, y como muestra de cuanto digo me detengo en un par de apuntes que se pueden leer en su “Diario” de viaje.
¿Quiénes eran los “indios blancos” de los que habla Colón en ese diario? ¿Encontramos en esa mención, como algunos afirman, la respuesta sobre adónde fueron los templarios tras ser perseguidos en Europa? Leamos:
“…Y que entre los otros vieron dos mujeres mozas tan blancas como podían ser en España”
“Harto blancos, que si vestidos anduviesen y se guardasen del sol y del aire, serían cuasi tan blancos como en España”
“…que los indios vecinos de aquella isla tenían reciente memoria de haber llegado a esta isla española otros hombres tan blancos y barbados como nosotros, antes que nosotros no muchos años”
¿Sorprendidos? Pues aún podría ser más extraordinario el origen de esos hombres blancos, porque tal vez no llegaron de Europa, sino de más lejos. Leamos el “Diario” (anotación del 14 de octubre de 1492): “Y entendimos que nos preguntaban si éramos llegados del cielo”.
¿Por qué habrían de creer posible los indios que hombres blancos pudieran llegar del cielo? Una idea ésta en la que insiste Hernando Colón, el hijo del Almirante: “…dando por seguro que los nuestros eran gente venida del cielo (…), deseaban ardientemente algo como recuerdo”.